viernes, 12 de marzo de 2010

marta y miguel II



miguel

Miguel la quiere, Dios si la quiere ¡.
Posiblemente sea la única mujer del mundo a la que se atrevería a querer, ella es el único escalón que hizo que su coraza saltara por los aires después de una amistad duradera y sincera.
Le costó admitir que él estaba hecho para alguien, pues lo más fácil era responder tan solo de uno mismo. La verdad es que las experiencias tampoco le habían ayudado mucho, por lo que se fue creando un caparazón hermético y confortable desde donde se encontró a si mismo.
Allí, enrocado en él, levantó una barrera contra el sufrimiento que supuso que era amar, y fue feliz. Feliz y verdadero.
Miguel es un hombre integro, cabal, culto, formado y respetuoso. Con inquietudes y una visión de la vida amplia y coherente. Su lema es empezar por el uno y así sucesivamente sobre todo para tratar de evitar sobresaltos y emociones que puedan dañarlo.
No lo ha pasado bien y la vida le ha obligado a reconstruirse en varias ocasiones.
Marta es su mujer, la quiere y la respeta, con ese sentido del amor que el mismo se permite y se impone, que huye de los volcanes tórridos, pero no está capacitado para hacer de ella su prioridad como Marta le grita, le suplica, le exige.
Cauteloso, medido, la ama de una forma serena y apacible.
Considera que no debe ser de otra forma y que hacer una excepción no seria lo justo y lo conveniente, ya que existen otras parcelas de la vida cuyos lazos le atan de forma inexorable.
Siempre fue cariñoso, considerado, incluso esplendido con ella y con todo lo que la rodea. Es más, considera los futuros juntos como lo más natural, lo que espera y lo que desea.
Conoce la visión distinta sobre su relación por parte de Marta pero piensa que ella se equivoca, que no tiene capacidad para disfrutar de su estado, así, sin más, ignorando que ella, pese a estar tonta, quiere estarlo.
Miguel teme exponerse, quedar al aire, dejar abiertas las ventanas que un buen día alguien cerró, dejando hechos añicos los cristales. La regeneración que el reclama, la catarsis por la que tanto lucha, nunca fue completada.
De Miguel cuelgan flecos deshilachados que él, con mucha paciencia, va hilando día a día, a solas y en silencio, como un tejedor de alfombras en el Cairo, artesano del alma
muñidor de los sueños en un rincón oscuro.
A veces se descuelga, solitario, por el laberinto insondable de sus recuerdos, parcheando los días como puede y borrando y bebiéndose las lágrimas, negándose el consuelo que ellas significan. Siempre mira el llanto de Marta con un puntito de admiración y envidia, ya que el las destierra al fondo de su yo.
Miguel es la mesura autoimpuesta y callada. Marta es la erupción.
Se quieren, cada uno a su paso, andantes de la vida con la mochililla al hombro.
No les impide andar, pero dan tropezones y a veces se les cae, dejando al descubierto
el contenido de sueños y fracasos.
Supongo que seguirán andando.
Como debe ser, la vida es un camino que recorrer.
Ellos decidieron recorrerlo juntos.
Que así sea.

2 comentarios:

Andaya dijo...

Miguel quiere que Marta forme parte de todo su universo, compartirlo por entero. Pero Marta pretende ser el centro mismo de ese universo, y eso... eso es imposible. Porque cada persona ha de ser su propio centro para mantener su condición.
Qué paradoja, que alguien te ame por lo que eres y luego pretenda modificarlo o absorberlo.
María es un volcán rugiente, Miguel un océano, con sus mareas y sus calmas. Seguro que entre ambos formarán un sólido continente sin que desaparezcan ni el mar ni la montaña.

Ginebra dijo...

A veces no es bueno crearse ese caparazón, no solo impide que los demás puedan entrar en tu vida, si no que luego resulta muy difícil prescindir de él, es como si te sintieras desnudo, desprotegido en un mundo lleno de fieras, ya que tu solo ves fieras acechando a tu alrededor...cuando en realidad, no es tan mala la vida de ahí fuera, solo tienes que estar dispuesto a verla...
Desde mi caparazón o armadura, he de decir que pocas veces me la quito, al menos, después de tantos años cargando con ella he aprendido a usarla, y desde luego, he de admitir que prefiero sentirme desnuda, que atrapada entre hojalata...entre otras cosas, porque siento cada cosa en toda su plenitud, sea buena, o no tan buena naturalmente, pero vale la pena...
De esa manera, nunca dejas de aprender y de crecer...
Es difícil que en una pareja se amen los dos de la misma manera e intensidad. No hay escuela de amor, no se aprende a amar, el amor nace sin avisar, y cada uno lo expresa y siente a su manera. No se puede exigir ni intentar cambiar al otro. Se ha de buscar un punto de encuentro, un punto intermedio donde acoplarse...
Si ya la vida es difícil, los sentimientos lo son más, son los que mueven al ser humano, esa busca incansable de sentirnos plenos, llenos, de todo lo que nuestra alma necesita para caminar. Puedes hallarlo, puede que no lo halles y te conformes, o puede que no te conformes y sigas luchando hasta conseguirlo.
En cualquiera de los casos, la vida es maravillosa, el amor es maravilloso... ¿Y qué sería de todo sin poder compartirlo...?
Un placer pasear por tu blog...
Bsos...

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