lunes, 8 de febrero de 2010

sentaditos



Y ahora vas y te ríes, que te oigo desde aquí. Con esa risa tuya que acaba por alegrarme el día aunque el horno no esté para bollos.
He intentado enjuagar cada una de las lágrimas secas que nublaban esos ojos oscuros que siento encima a cada paso, mirándome dulces, esquivos a veces, tiernos, cantarines, amantes, decididos y claros, vacilantes y oscuros, poderosos, tremendos.
Creo haber pasado la prueba de tus miedos, no tanto de los míos que siempre me acompañan como una lapa atosigante y tenaz. Y mira, aquí estamos, sentaditos, esperando que llegue la primavera con sus días abiertos, con sus luces de oriente y sus lunas tan grandes.
Vendrá la primavera y nos traerá dos sueños de los que se viven una sola vez y que así sea, comprometidos sueños de los de cuento y llama al abrigo del hogar.
Y quien nos lo diría, mira hacia atrás y corre, pero despacio amor que ya tenemos años.
Bueno, aquí estamos, sentaditos, nosotros y los sueños, tules de primavera en un castillo en armas, desarmado y vencido, donde venció tu risa, tus ojos y ese alma que siempre acaba por alegrarme el día aunque el horno no esté para bollos.

1 comentario:

Ginebra dijo...

Que sería de nosotros sin los sueños¿?.....
Un beso desde aquí, y encantada nuevamente de caminar por tu blog...

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